Esta enseñanza, recibida de un elemental de una flor, nos habla sobre el principio fundamental de servir a todas las cosas con amor y absoluto desinterés. El mayor ejemplo de esta entrega son las propias flores, las cuales llegan a entregar su vida física únicamente para llevar un instante de alegría a la vida de alguien.
A las personas no nos cuesta nada servir a un hermano. La mayoría de las veces los deseos de quienes nos rodean son pequeños y nuestro sacrificio es mínimo en comparación con la entrega total de la flor.
¿Alguna vez has notado que existen miles de especies diferentes de flores en la naturaleza y todas conviven en perfecta armonía? Incluso dentro de flores de la misma especie, jamás encontrarás dos ejemplares exactamente iguales; lo mismo sucede entre los árboles, los animales y los seres humanos.
La diversidad de la humanidad es inmensa. No existen dos seres humanos iguales, ni siquiera entre aquellos que comparten la misma etnia o raíces. Ante esta realidad surge una reflexión inevitable: ¿por qué no seguimos la lección de la madre naturaleza y aprendemos a respetar y admirar la diversidad?
Las flores nos enseñan a habitar el mundo con generosidad instintiva y sin juzgar a quien nos rodea:
"...somos semillas que Dios sembró en la tierra. Dios quiere sembrar Luz a través de nosotros. Las flores, con su belleza, atraen a las abejas y mariposas, donándoles néctar y estas a cambio toman el polen y ayudan a que las flores se multipliquen. Exhalan el perfume y no les importa si quien lo siente lo merece o no, simplemente exhalan porque está en su naturaleza exhalar el perfume y expresar su belleza. Que seamos como flores exhalando perfume y belleza para todos y juntos creemos un hermoso Jardín."
Inspirándonos en esta valiosa lección de servicio, hoy podemos transformar la manera en que regalamos afecto. Aprovecha la tecnología para enviar una flor virtual a través de enviaunarosa.com.
Lo mejor de esta alternativa es que no necesitarás quitarle la vida a una flor física para regalar esa inmensa alegría. Sin duda, este gesto sencillo e inesperado puede iluminar el día de un ser querido y hacerle sentir profundamente amado y valorado.